INRI CRISTO en el Vaticano

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El SEÑOR, después de la institución del reino de los cielos en la tierra formalizado por la SOUST – Suprema Orden Universal de la Santísima Trinidad, ordenó a su Unigénito, INRI CRISTO, que anulase personalmente el postrero vínculo con el moribundo Vaticano, fruto de sus palabras dichas a Pedro en la época que se llamaba Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo c.16 v.18).

Al llegar en Roma el día 23 de septiembre de 1983 a las 22h y 30 min, encontró todos los hoteles llenos y pernoctó en una sala de la pensiónLiberty, localizada en Vía Gioberto 20, IV Pío, Roma, siendo recibido por Vincenso de Vivo, propietario de la pensión. Pagó veinte mil liras en adelanto, porque el Hijo de DIOS peregrinaba sobre la tierra únicamente con su inseparable túnica blanca en su cuerpo, un par de sandalias, un manto color sangre y aquella alforja que tiene la misma medida de la que Judas Iscariote portaba cuando de la venida anterior del Hijo del Hombre a la tierra.

Y el día 24 de septiembre de 1983, a las 9 horas, llegó al Vaticano y vio “in loco” el mayor establecimiento comercial vendedor de falsos sacramentos del mundo; vio con sus propios ojos lo que restaba de su hija que se había prostituido y vio como los títeres que están al servicio de la bestia gravitan al rededor del anticristo titular del nº 666 (Apocalipsis c.13 v.18), que actualmente se llama Juan Pablo II (ver 666 – El Número de la Bestia Descifrado, pág.23 del libro El Verbo Divino Sobre Roma).

El SEÑOR le ordenó a que entrase en el templo construido en nombre de Pedro, que es el centro mundial de los traidores de la causa divina. Y cuando, en su interior, el Hijo del Hombre contemplaba al mayor centro de idolatría del mundo, el SEÑOR, DIOS de Abrahán, de Isaac y de Jacob, único SEÑOR del Universo, habló con vehemencia: “Este árbol enfermo tiene que secarse, él no da buenos frutos. ¡Sécate árbol moribundo, sécate¡ Sécate para que el buen árbol que yo planté lozanee y Me dé, y a mis hijos (hijos de Israel), los frutos que tu Me niegas!” El buen árbol a lo que el SEÑOR se refiere es la SOUST – Suprema Orden Universal de la Santísima Trinidad, nueva orden católica instituida por el Altísimo a través de su Unigénito INRI CRISTO, el 28 de febrero de 1982. Y desde el decreto divino, inició la ruindad del principado de iniquidades que se transformó la proscripta iglesia romana. En 1984, revocando el Tratado de Latrón, con la propuesta del premier italiano Bettino Craxi, la ciudad de Roma dejó de ser sagrada, conforme notició la revista brasileña Veja en 8 de agosto de 1984. Y en todo el mundo comenzaron a aflorar escándalos en el seno de la iglesia proscripta. Vea y lea en el libro DESPERTADOR 2ª parte los ejemplos periodísticos más notorios.

La gente concentrada en aquel local, sorprendida con la repentina aparición de CRISTO en carne y hueso, no se contuvo y todos decían: “¡CRISTO! ¡CRISTO! ¡CRISTO! ¡MESIAS! ¡MESIAS! ¡MESIAS! ¡JESÚS! ¡JESÚS! ¡JESÚS!”, ovacionándolo mas que la gente de cualquier país del mundo. Y los innúmeros sacerdotes y monjas que, mezclados en aquel mar de personas, circulan constantemente en aquel local, excitados, lo aclamaron aún contra su gana, llevados por el impacto de la visión que sus ojos inesperadamente contemplaban sin medir consecuencias: “¡CRISTO! ¡CRISTO! ¡CRISTO! ¡JESÚS! ¡JESÚS! ¡JESÚS!”

Los visitantes que tenían cámaras fotográficas disputaban una oportunidad de fotografiarlo y lo contemplaban con los ojos brillantes de delirio.

Entonces, el SEÑOR le ordenó a su Hijo que partiese inmediatamente de aquel local, que es maldito por haberse transformado en la sede del principado de las tinieblas, de la idolatría, de la iniquidad y de la mentira, y que aún después del histórico día 28 de febrero de 1982, persiste en el embuste, iludiendo a los cristianos (auténticos hijos de DIOS) haciéndolos creer fraudulentamente que en la “eucaristía” aún es posible comer el cuerpo de CRISTO, Unigénito de DIOS, y beber su sangre, induciéndolos a ignorar la reencarnación del Verbo Divino. Para engañar a la humanidad con fines comerciales, se cultiva el hábito de humillar al siervo del SEÑOR manteniéndolo falsamente clavado en una cruz.

Ellos sienten un placer mórbido, en la miseria espiritual en que viven, en mostrar al mundo un falso “CRISTO”, pasivo e inerte, clavado en la cruz, que es testigo y cómplice de sus delitos contra la humanidad, y que a sus enfermos ojos contaminados por la constante contemplación a las malditas estatuas es el cordero de DIOS.

Son estos mismos traidores de la causa divina que diariamente blasfeman y enseñan a los cristianos, hijos de Israel, a blasfemar, al decir a sus enfermas oraciones que Maria (que fue sierva del SEÑOR al ser fecundada por obra del Espíritu Santo, pero que después del nacimiento del Hijo del Hombre cohabitó con su marido José y tuvo varios hijos y hijas como nos cuentan las Escrituras – Mateo c.13 v.54 a 56) es madre de DIOS, CREADOR del cielo y de la tierra, ¡cómo se fuera posible que una mujer sea la madre de DIOS Todopoderoso! ¿Y quién seria el padre y la madre de DIOS?

Ahora bien, DIOS es el Padre de todos nosotros, único ser que no fue creado, único SEÑOR del cielo y de la tierra, único SEÑOR del universo. Así nos enseñó su Unigénito, INRI CRISTO.

Y el Hijo del Hombre, al recibir la orden de partir de aquel local, porque estaba llamando peligrosamente la atención de las personas y de los proscriptos religiosos visitantes, salió furtivamente como un ladrón y tomó el primer taxi que encontró frente al Vaticano, conduciendo en su interior la convicción de que el árbol enfermo se secará exterminado por el verdugo divino llamado “tiempo”, que en su lugar será lozano el árbol santo plantado por las manos del inefable CREADOR del Universo y que una vez más se cumplen las Escrituras.

Mientras INRI CRISTO aguardaba en la pensión Liberty el momento de la partida, el SEÑOR lo condujo a la ventana y le mostró, en el silencio de la noche, la Roma adormecida. Cuando los fatigados monumentos y edificios hablaban de las glorias del pasado, talvez con la intención de impresionar al Hijo de DIOS, para sofocar la falsa magia que engaña a los ingenuos visitantes, el SEÑOR dijo: “¡ Duerme, Roma! Duerme tu sueño profundo, sumergido en el marasmo letárgico de la fuga al peso de tu conciencia encharcada en la sangre de mis siervos que te envié y que tú, oh Roma, los quemaste en la hoguera de tus pasiones desmedidas y asesinas, cumpliendo el pacto que consumaste con los súbditos de Satanás. ¡Duerme Roma! Duerme tu sueño de evasor, mientras en mi Hijo te visito como un ladrón, por tu traición cuando hiciste pacto con los usurpadores de mi reino de luz. ¡Pero ay de ti, Roma! ¡Cuándo te despiertes será tarde, muy tarde! Te verás transformada en ruina y tu orgullo se transformará en gemido de dolor, tu ostentación y pedantismo en miseria y hambre; tus estatuas engañosas se caerán en pedazos sobre ti y sobre tus hijos, que son herederos de tu lujuria, de tus crímenes y de tus pecados. Y agonizando, moribunda, acecharás vagamente, sin fuerza para resistir a mi devastadora justicia y a la vibrante e inexorable manifestación ocasionada por el látigo de mi verdugo ángel, que, al toque de su trompeta, anunciará el esplendor y la gloria de mi hijo, cuando venga a ti, no por ti, pero para recoger de tus despreciables entrañas los que permanecieron fieles a mi ley y son dignos de mi reino de luz”.

Así dijo el SEÑOR, DIOS de Abrahán, de Isaac y de Jacob, CREADOR del cielo y de la tierra, único SEÑOR del Universo.

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